perspectiva de museo por Luis Delgado

martes, 30 de octubre de 2007

Una propuesta para un Museo del Oro virtual

Una pequeña contextualización

Luego de años de tradición, el Museo del Oro lanzó su campaña de renovación tanto de sus espacios como de sus discursos; sin embargo, sigue intacto su objetivo de preservar los testimonios materiales y objetos metalúrgicos de la cultura prehispánica.
Esta no es una historia periodística, se trata de un reto de comunicación organizacional. En Colombia no existen museos virtuales y no es pecado soñar con tener uno; soñemos con un Museo del Oro virtual.
Este museo ofrece entradas a bajo precio o gratuitas los domingos, no tiene ánimo de lucro y sus fondos provienen del Banco de la República, entidad del Estado. Su principal función es llegar a toda la población, sin importar estratos socioeconómicos y así mostrar la riqueza cultural colombiana.
Luego de analizar las posibilidades que ofrece la página de Internet, pude establecer que esta proporciona gran cantidad de contenido histórico, su diseño es tradicional y sobrio.

La anterior imagen es un pantallazo de la sección para niños. Existe un link donde ellos pueden acceder a talleres y conceptos técnicos de forma sencilla; sin embargo, la información es escrita y poco dinámica, en este caso se excluye a aquellos que no saben leer. El objetivo de un sitio virtual es que su lenguaje audiovisual esté al alcance de todas las edades y sea adecuado para cada una de estas.

Para los niños, se muestran las maletas didácticas que se les donan a los colegios, así con cerámica construyen réplicas de las obras de la colección. También hay visitas programadas al museo y videos atractivos y especializados en este mercado.

Uno de los objetivos del proyecto virtual sería generar una línea de seguimiento en los mercados juveniles y adultos (sin descuidar el infantil), para que la historia que preserva este museo se mantenga fresca en la memoria y tenga relación con las vivencias y costumbres actuales.

Según lo observado, los mayores visitantes son los niños y padres o interesados, pero el mueso no es un lugar de encuentro para los jóvenes que asocian el lugar con su aprendizaje infantil y no como un sitio dinámico que atiende sus necesidades.

¿Cómo sería este museo? Con las mismas características del físico y con iguales actividades interactivas especializadas en cada mercado (segmentado por edades) que no permitan la deserción del cibernauta.

Museos internacionales como el de Louvre ofrecen esta opción de paseo virtual por el lugar. Así, aún estando en Colombia me siento como caminando por los pasadizos del museo en París. En el museo del Oro tendríamos una visita más interactiva y democrática para los conectados. El dinamismo de los audiovisuales debe ser una política ya que el museo busca que exista “un sistema que conecte al público”, con recursos multimediales que comprometan a todos los sentidos, dándole al cibernauta capacidad de creación.

Los jóvenes actuales son totalmente audiovisuales, sólo recuerdan lo que conecta todos sus sentidos, lo que habla en su mismo lenguaje y lo que está ligado a su presente. El proyecto virtual, estaría acompañado de la realización de una serie de videoclips ideados según los intereses de cada segmento de mercado para ligar la acción del museo y las actividades prehispánicas con las tendencias actuales. Así, facilitar el conocimiento y la apropiación de lo histórico de forma atractiva.


El proyecto tendría permanencia y cambiaría sus características y discurso según lo haga el museo físico, la línea de diseño sería la misma. Se realizaría una campaña de lanzamiento de la página e incentivos (como obsequios) para los visitantes.


El museo recibe a niños desde los tres años de edad hasta ancianos. Este público lo dividiríamos así: menores de 8 años, de 9 a 12, de 13 a 17, adultos jóvenes de 18 a 30 años y mayores de 30. Como a cada uno de los segmentos tiene gustos y pensamientos diferentes, se proponen 5 narradores-guías distintos con las características del nicho. Estos acompañarían la visita virtual.


El museo físico posee un café restaurante, auditorios, programaciones audiovisuales y una tienda de regalos. Estos mismos servicios tienen que estar en el sitio de Internet y para cada uno de estos se crearía una cortinilla realizada en Macromedia con una duración de tres segundos.


Los auditorios virtuales serían foros abiertos y se ofrecerán audiovisuales colgados en Internet de las conferencias y un espacio para preguntas a estas que serán contestadas por la misma vía. Las programaciones audiovisuales también estarán al alcance como servicio de alquiler para usuarios y los menos pesados se conseguirán en la página.

En cuanto a las tiendas, se venderán los accesorios tradicionales en oro, pero también habrá la opción de creación por internet de objetos con elementos contemporáneos que se pagan con tarjeta y se reclaman en el museo o por correo al domicilio. Este servicio sería especial para los jóvenes, incluso podrían obtener piercings prehispánicos. Pa esto existiría una asesoría de un diseñador que explique las lógicas de creación según la historia y la reseña de los objetos escogidos como base, sería la creación de accesorios con sentido histórico.
Ahora sí, la propuesta


La propuesta sería básicamente desarrollada en FLASH y con el acompañamiento de videos. También se utilizarían recursos radiales y fotoperiodismo para contar historias a través de imágenes.
Se necesitaría una plataforma de rápido acceso y de alta tecnología para que los videos sean fluidos y con una calidad aceptable. El trabajo sería realizado por un periodista o comunicador audiovisual u organizacional, un diseñador gráfico, un antropólogo (que pertenezca al museo y explique las lógicas prehispánicas y los discursos), un ingeniero multimedia especializado en Flash, un equipo de realización audiovisual y los profesionales requeridos según las especificaciones de cada video.
La red permitiría el ingreso del usuario con un video de introducción para todas las edades. Luego, el usuario escogería su guía. Este se presenta, con su nombre, trabajo, etc. La idea es otorgarle una personalidad propia.Los diferentes segmentos compartirían algunos videos afines y la principal variación estaría en temas y lenguaje.

El guía hace la introducción general del museo y pregunta al usuario por dónde quiere iniciar, ofrece cinco programas que agrupan lógicamente los objetos y salas del museo físico. Una vez el usuario escoge, él mismo sería el dueño del cursor y elegiría por qué lugares desplazarse al hacer click por las distintas entradas, el guía, sin embargo, ofrece un orden cronológico a seguir. El museo se mostraría en planos generales y sólo se permitirían otros planos en los objetos prediseñados para seleccionar. El usuario sabría cuando acceder ya que el cursor se transforma en signo de exclamación.
En cada lugar, al elegir el objeto de la colección, se realizarían mini clips en FLASH con fotografías desde diferentes planos, la línea de diseño jugará con efectos de esténcil y caricatura. La explicación se haría en forma de crónica radial.
Este es un boceto del acercamiento al objeto. Por una parte (derecha) se muestra la pieza prehispánica con movimiento 3D y al lado planos detalle de esta. Al centro está el guía y la opción de regresar al portal principal. Finalmente, en el costado izquierdo hay una pequeña reseña escrita y un audio con una crónica muy dinámica que llegue a todos los públicos.


Si comparamos nuestra página soñada con la del Museo de Louvre, cuando se escoge un objeto en la segunda se muestra un cuadro agrandado, con texto a un costado de la página. En el Museo del Oro virtual se proponen acercamientos al objeto en detalle. El guía acompañaría todo el proceso desde una esquina de la pantalla y sólo tomaría protagonismo cuando el usuario lo selecciona, de esta forma el cibernauta controlaría su tiempo de visita.

Los videos pregrabados tendrían modificaciones semestrales o anuales, pero siempre actualizando la información que los acompaña. Lo rico sería armar un archivo histórico audiovisual disponible en la web o en el museo.


Son cinco módulos disponibles y cada uno de ellos tendría una cortinilla de presentación. La base de los videos sería netamente periodística, ceñida a la realidad y al análisis. Se utilizarían géneros como el reportaje y la crónica que serán mostradas igualmente en las salas del museo físico a modo de refuerzo del aprendizaje del visitante. También se recurriría en ocasiones a la ficción para niños.
Los cinco discursos son: El descubrimiento de los metales, la tecnología de la metalurgia prehispánica, el uso de la metalurgia en Colombia, la simbología de la metalurgia en la Colombia prehispánica y el vuelo chamánico y la ofrenda.



Boceto de menú de los 5 programas, al pasar el cursor hay una invitación a ingresar. El cuadro seleccionado se grandará, ocupando toda la página. al costado izquierdo permanecerá el guía y en la parte inferior derecha el menú de opciones como conferencias, etc.

Estos son los narradores-guías:


Menores de 8 años:
Es un niño de unos seis años que porta la maleta didáctica que el museo hace circular por los colegios. En esta maleta están las actividades virtuales con plastilina, máscaras, fáciles de realizar en el hogar.
Le muestra a los niños lugares ocultos para jugar en el museo. Tiene pócimas caseras y trucos de magia.

De 9 a 12 años:
Una niña de 11 años vestida a la moda actual. Porta un collar prehispánico con poderes mágicos el cual usa para transportar al visitante de un lugar a otro. El collar tiene elementos de las tendencias actuales, a pesar de pertenecer a una antepasada en la que se puede convertir y narrar las vivencias antiguas.

De 13 a 17 años:
Una niña de 15 años en plena adolescencia conoce los poderes místicos y el chamanismo, sabe que necesita protección ante el mal. Porta un escudo al cual le falta una pieza, al completar todos los elementos escondidos en el museo, su escudo hace que las piezas cobren vida.

De 18 a 30 años:
Un hombre de 22 años obtiene una vasija de barro, ahí guarda su IPOD, Palm y algunos objetos personales que adquieren características prehispánicas. Así puedes descargar remixes indígenas con sonidos contemporáneos, ringtons, videos, accesorios para la universidad y la oficina.
Adultos:
La madre del menor de ocho años, vive recogiendo su desorden por el museo. Aquí pueden interactuar los dos personajes se desea navegar en familia.Tiene en su poder el objeto más valioso, un bastón. Con este es capaz de visualizar fantasmas de chamanes perdidos en los objetos que van contando las historias. Es una especie de vidente.

¿Cuáles serían los video-clips?

En el segmento de menores de 8 años ya existen algunos audiovisuales de muy buena calidad en el museo. En la parte virtual se debe seguir con la dinámica de concursos y videos en los que se les pregunte a los niños. Se propone hacer video-clip de filigrana moldeable en plastilina y niños orfebres.
Para los segmentos de menores de 8 años, de 8 a 12 y de 13 a 17 años, sería bueno explicar la simbología de la metalurgia en Colombia como un show de magia contemporánea para representar lo místico, lo astronómico. También se tomarían elementos de Maloka como el lugar de reunión de los antiguos indígenas. Se establecerían sitios interactivos para explicar el significado de las plantas y el estilo antropomórfico utilizado por los prehispánicos.

Para todos los segmentos de mercado se ofrecerán tres video-clips:

- El descubrimiento de los metales a través de un clip básico de la metalurgia y la filigrana en Mompox, para así explicar las fusiones y formas que se pueden realizar con los metales.
- Un video de la vida detrás del museo para entender las lógicas de preservación.
- Un clip histórico de las regiones y su producción metalúrgica.

Para los jóvenes de 9 años en adelante y adultos realizaríamos: la utilización de objetos y tendencias prehispánicas en la moda actual y pasarelas nacionales y la utilización de metales en la ingeniería automotriz.

Para entender el vuelo chamánico y la ofrenda se haría un clip de chamanes actuales, prácticas de moda como tomar Yagé para acceder a otras dimensiones. Esto se haría en forma de paralelo.
Finalmente, para adultos y jóvenes de 18 a 30 años, se realizaría un video de la industria metalúrgica y el TLC. Con ellos se manejarían temas de actualidad aplicados al museo.

martes, 2 de octubre de 2007

Museo de Arte Moderno de Barranquilla: sabe a caribe.

El público barranquillero frente al arte es peculiar, lo juzga bajo la premisa de que el mar es horizonte y el horizonte es infinito. En la ciudad, encontramos desde el museo romántico con los vestidos de las reinas del carnaval y objetos que cuentan la historia de Barranquilla, hasta el tradicional Museo de Arte Moderno que busca estar al día con exposiciones nacionales e internacionales y obras del Caribe que narran las vivencias del artista que vive el rio y siente el olor a salitre.


Cada quien apropia las obras a su manera, el museo de Barranquilla tiene muchas anécdotas ligadas al arte. El samario Carlos Chacín mostró en la ciudad piezas de su colección “Ni pesca, ni Milagro” inspiradas en la violencia colombiana y las llamadas pescas milagrosas. La obra realizada con metal oxidado y materia orgánica (hierba) se instaló al aire libre como abreboca de lo que había dentro del museo. Los recicladores se la trataron de llevar en sus carritos para venderla como chatarra al confundirla con desechos del museo. Pero esto, visto más que como una experiencia macondiana, muestra las múltiples formas de abrazar al arte desde el rebusque, lo cotidiano o la necesidad, es visto desde lo erudito, lo banal, desde el punto de vista del ciudadano, del niño.


“El dibujo… es el pensamiento, la idea clara y precisa, sin tanto recorrido. Es la esencia…” con esta leyenda Kcho nos invita a observar su exposición. Cuadros de tela clara como las paredes del museo, su blancura está manchada por trazos rojos, naranjas y negros. Un autorretrato en el segundo piso nos muestra que Kcho es un hombre Caribe, él mismo se pinta en pastel seco con una balsa insignia del cubano que emigra. Una obra titulada “Vive y deja vivir”, otra con la historia gráfica del hombre tiburón (que invita al costeño a intuitivamente enlazar la pintura con las leyendas costeñas del hombre caimán).


El museo está abierto al arte que resulta de la investigación, su característica esencial es el énfasis en el Caribe, emplazado y comprometido con su entorno. Kcho dibuja los carruzos de hilo para pescar, cuenta historias cubanas de barcas y el mar, que fácilmente se repetirían en las playas de Salgar o Puerto Colombia (guardando las proporciones). Es obsesivo con la repetición en los cuadros de elises y remos. Construye en madera pequeñas barcas cuyos propulsores tienen alas y pueden volar. Para el espectador es fácil especular sobre una obra cubana enmarcada en un contexto político, con elementos visibles de una cultura, que encierra el sentimiento de libertad y del arraigo a la tierra.


Dentro de un mes podremos observar otra obra con mensaje, en las paredes pisos y techos del Museo de Arte de Barranquilla. Como espectadores podemos asistir a los martes del MAMB para gratuitamente aprender sobre fundamentos del arte. Eduardo Vides, director de la institución nos cuenta sobre la organización del lugar.


¿Cómo eligen las exposiciones?

El museo tiene unos criterios o unos parámetros consolidados para la elección, los artistas deben tener una trayectoria u hoja de vida aceptados en la comunidad artística. No necesariamente tienen que ser consagrados a nivel nacional o internacional, sino que presenten proyectos sólidos, con características de investigación y prácticas artísticas consolidadas. Seleccionamos obras de calidad, lo que nos interesa en el fondo no es mostrar si el artista tiene habilidades, pero si la obra no dice nada, no se expone. Se muestran también obras reconocidas o de jóvenes artistas que presentan obras contemporáneas.


Tenemos en nuestra colección obras de Vicente Martínez que vive en el Brasil, de Oswaldo Macías que está en España, Ramiro Gómez. Obras que no pierden vigencia desde el punto de vista conceptual, desde la ideación de la obra en sí. Con estos criterios el museo ha logrado una colección bastante interesante, una colección permanente de arte del Caribe colombiano.


La colección está guardada, con los requisitos para su preservación. No están montadas porque este espacio es provisional, cuando ya tengamos nuestro edificio del Museo de arte moderno en el parque cultural de Barranquilla podremos exponerlas todas.


¿Hacen exposiciones callejeras?

Poco, pero sí las hacemos. El museo tenía un programa que se llamaba “Al aire libre” donde jóvenes, artistas, anticuarios, personas podían exhibir sus obras, arte y objetos en las vías. Hace dos años que no las hacemos. (Con la reestructuración del museo y ampliación de las instalaciones su acción podrá extenderse a las calles)


¿Qué tan bien responde el público barranquillero frente a las obras de arte?


Yo pienso que está respondiendo muchísimo. Mantenemos unas 5 a seis exposiciones por año, concertadas con el Ministerio de Cultura. Tratamos de traer artistas interesantes, con una obra consolidada.


Actualmente tenemos la obra del cubano KCHO, es la primera vez que este artista llega a Barranquilla. Es un honor porque a nivel internacional es reconocido y tiene muy buenas bases de arte, ha estudiado en Viena, ha estado en las grandes bienales de La Habana. Estas oportunidades se dan para que los barranquilleros y habitantes de la región podamos ver obras e instruirnos de ellas.


¿Cuáles son las características de un museo de arte moderno? ¿Cómo se diferencian en las distintas ciudades?


Como su nombre lo indica Museo de arte moderno es bastante amplio, salvo el de Santa Marta que es un museo de arte Contemporáneo. Barranquilla, Bogotá y Cartagena manejan arte moderno.


Si nosotros nos dedicáramos únicamente al arte contemporáneo tendríamos sólo piezas actuales que se dificultan mucho para la colección e instalación, a veces son performances o instalaciones difíciles de guardar, a veces efímeras u ocupan mucho espacio. (El curador Néstor Martínez Celis cuenta que algunas instalaciones ameritan quitar los techos o paredes y todos los gastos de remodelación los cubre el museo) A veces son piezas monumentales que no podemos mostrar en espacios reducidos como el nuestro, y esto se convierte en toda una problemática para conservar las obras y distribuir el espacio. Nuestras instalaciones son limitadas porque no son las definitivas, la altura por ejemplo es demasiada baja y nos coarta con algunas obras que sobrepasan los 3 o 4 metros de altura.


El arte moderno nos da la posibilidad de abarcar muchas épocas, podemos ver piezas de finales del siglo XIX y XX, también recibimos obras actuales, no sólo hacemos exclusividad al arte contemporáneo. Los museos de arte moderno de la Costa tenemos una gran colección inspirada en el Caribe o hecha por artistas caribeños.


¿Cómo se definen los temas y la programación? (por las necesidades del público)


En cuanto a los temas procuramos tener un acercamiento con lo que está sucediendo actualmente en el arte tanto local, nacional como del mundo, estudiamos las últimas tendencias del arte; sin embargo, esto no quiere decir que no revisemos propuestas de los años cincuentas o sesentas, de cualquier época o tendencia (arte moderno que permite ver el pasado). Me atrevería a afirmar que el Museo de arte moderno de Barranquilla tiene la mejor colección de arte del Caribe colombiano, de las manifestaciones artísticas de los últimos 30 años, es un gran tesoro, la historia no los confirma, son obras valiosas para la crítica de arte.


(A pesar del espacio) siempre exponemos en algunas temporadas parte de nuestra colección, es una obligación. Esta es una institución privada, pero decimos que es de Barranquilla, pienso que en unos 50 o cien años el museo seguirá vigente, perteneciendo al pueblo barranquillero, este patrimonio tangible es del pueblo.


El área educativa es nuestro eje central, todas las actividades que giran en torno a las exposiciones son aprobadas con guiones educativos, para colegios y jóvenes como niños y adultos. Hacemos visitas guiadas.Mantenemos desde hace un par de años un programa con docentes del área de educación artística. Todos los sábados vienen entre setenta y ochenta docentes a escuchar los seminarios y ciclos que ofrecemos. El programa se llama “El MAMB: un aula de la escuela” donde conferencistas nacionales o internacionales vienen para actualizarlos y capacitarlos en arte, pedagogía, movimientos y tendencias. Así transmitimos el conocimiento a los estudiantes (como una cadena de valor).
Imagen tomada del Blog Chacín

viernes, 7 de septiembre de 2007

El ático taurino




Tres placas de piedra narran la historia del museo taurino de Bogotá. En la primera, está la fecha de inauguración: 1969. La iniciativa fue de Carlos Pinzón, célebre ciudadano de la capital y amante de la tauromaquia.

Las corridas taurinas estaban de moda, de España llegaban matadores famosos que encontraban un público multitudinario en la plaza de toros de Santa María. El museo fue construido al lado de la puerta seis, en un segundo piso que reunía trajes de luces, fotos y donaciones de los toreros ídolos de la época. Era el lugar chic para las reuniones de la farándula. Su fama fue efímera y lo cerraron por falta de público.

Una segunda placa nos ofrece otro retazo de historia. El museo fue reinaugurado 33 años después por solicitud de la Corporación Taurina de Bogotá. El 27 de enero de 2002 durante la alcaldía de Antanas Mockus, se reunió nuevamente el jet set colombiano alrededor de la reapertura. El pintor Fernando Botero donó en la ceremonia un afiche para el lugar.


Los toros volvían a vivir; sin embargo, la historia se repitió, la moda fue pasajera. Hasta el 2005 había un guía dedicado a atender a los visitantes del museo, luego el presupuesto ni siquiera alcanzaba para eso. Según la página actualizada de la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte, podemos visitar al museo de lunes a viernes de 9:30 am a 5:30 pm y los sábados de 10:00 am a 3:00 pm. Hoy, el lugar está prácticamente cerrado, a la merced de un administrador que amablemente lo muestra con cita previa.


Bogotá dejó de ser una ciudad de toros. Actualmente, la plaza de santa María sólo abre sus puertas durante el Festival de verano para 3 novilladas y una corrida y realiza tres espectáculos en enero y en febrero. El resto del año sólo la visitan rejoneadores que practican en la arena o se alquila para conciertos. Octavio Robledo, administrador del lugar, atribuye la caída a ese mismo decaimiento de la tauromaquia.


Desde afuera del museo, los vidrios astillados del segundo piso predicen el descuido interior. Se abre el portón rojo de la entrada. Una escalera en forma de caracol, con paredes blancas pobladas de fotos, da la bienvenida al lugar. El salón de no más de 80 metros cuadrados está atiborrado de objetos en urnas, cuadros y estantes polvorosos. El olor a moho pervierte el aire fresco que llega de la calle.

Parece un ático donde se guardan cachivaches, que valen oro. Varios cuadros arrejuntados en las esquinas unos sobre otros, la mayoría afiches que anunciaban las corridas. Cantidad de revistas empiladas en el suelo. Octavio Robledo introduce: “El museo está demasiado olvidado, sin ningún tipo de mantenimiento, fuera de la barridita y la sacudidita. Hay fotos caídas, objetos valiosos muy olvidados”. El deterioro del lugar es evidente, las imágenes en el suelo recostadas a los vidrios, las paredes de las vitrinas forradas con fieltro morado y rojo, llenas de moho y polvo.

Entrar al museo es entender parte de la organización de la antigua estructura social capitalina y la ordenación rural de la ciudad. El recorrido empieza por la pared de los hierros de ganadería de las principales haciendas de Bogotá, que pertenecían a las familias distinguidas hacia los años sesenta. Con estos marcaban a los toros que traían hasta la plaza en guacales de madera. Figuran nombres como Loma redonda, Pueblito español, Campo pequeño, entre otros.


Al lado derecho reposa la biblioteca. Son dos estantes llenos de libros, películas y revistas especializadas. Los textos no ven la luz de la calle ya que el servicio de alquiler se canceló. El trabajo de recolección de Carlos Pinzón de libros lo aprovecha más la polilla que los bogotanos.


Fotografías tomadas en 1572 y hasta del siglo XVI. Imágenes de la era prehelénica cretense, donde ya se ofrecían espectáculos alrededor de la lucha entre el hombre y la bestia. Afiches de corridas de toros en España y de la primera novillada en Bogotá en 1931. Los planos originales de Lazcano y Martínez de la plaza de Santa María, hoy patrimonio arquitectónico de Bogotá. Al lado un artículo de revista titulado “El estreno del nuevo circo”. La foto de Manolete que llevó al reportero gráfico Manuel H a ser reconocido como el mejor fotógrafo taurino de Colombia. En las paredes del museo encontramos hasta las cabezas de toros sacrificados en las mejores corridas de la historia capitalina.


Están expuestos los elementos básicos del toreo. La banderilla, que aparenta ser un palo de madera inocente, adornado con papel seda de colores. En el extremo tiene una navaja en forma de garfio triangular con la que el matador hiere al toro. La banderilla cuelga de la piel como trofeo mientras la navaja sigue desgarrando al animal por dentro. Es ahí cuando el público aplaude.

Varios pares de picas de hierro oxidado se observan en las vitrinas; la pica no disimula sus intenciones, es un cuchillo de aspecto rudo, que hiere mortalmente al toro. Se exhiben capotes violetas y rojos cuya función es despertar la furia animal, el torero lo esquiva y el público grita OLE. Finalmente, la espada pone fin a la vida del toro y se cierra la fiesta. En este momento, las ovaciones son incontrolables.


El pintor español Francisco de Goya resumió la actividad taurómaca en 13 cuadros que mostraban todo el proceso de la lidia. En el museo vemos cientos de imágenes que van desde la gloria máxima hasta la muerte de picadores. Se narran tres de las muertes de toreros famosos como la de Manolete; aparecen los matadores en el ruedo, heridos y hasta en el féretro. Incluso hay ilustraciones de los órganos comprometidos en las cornadas.


Cantidad de trajes de luces anónimos. Por el descuido del museo, ya ni siquiera se saben los nombres de algunos dueños que seguramente fueron ilustres toreros. Trajes de colores, negros con lentejuelas doradas que a pesar del polvo no han perdido el brillo. Aún se puede distinguir los vestidos de Pepe Cáceres y de Enrique Calvo “El Cali”, quizá el más valioso es el de Manolete, quien también donó una de sus espadas.


Una colección de las arenas de las plazas más importantes del mundo. La mayoría rojas con blanco, algunas tan valiosas como la de Plaza Ventas en Madrid. Sillas de picadores, trajes del alguacilillo que abre la corrida, imágenes del paso de novillero a torero (es la graduación del matador) y del padrino que lo patrocinaba.


En el museo hay una esquina para la democracia, ahí reposan las toreras. En un deporte de machos, las mujeres también se enfrentaban al toro, lo importante no era la fuerza sino la elegancia del bamboleo y la agudeza para picar. Damas con los pantalones bien puestos como Conchita Citrón y la colombiana Morenita del Quindío.


También está el rincón del humor taurino como cuando inmortalizaron en fotos la visita de Cantinflas a la plaza de Santa María. En la arena, el humorista se burlaba de los toros, vestido con su tradicional sombrero, cargaderas y pantalones negros.


Hay un fantasma. Se llama Alberto. Tal vez fue un gran caudillo de la época, el cuidandero del museo o un torero. De pronto un amigo de Carlos Pinzón. Varias fotos están autografiadas y dedicadas a él, pero no dicen su apellido. Ni siquiera Robledo sabe quién fue.


¿Dónde está el cuadro que donó Fernando Botero en el 2002? se lo llevó la Corporación taurina. Algo tan valioso no podía estar en un ático olvidado.


Fotos tomadas de Asofoto

martes, 21 de agosto de 2007

¿Musée?

Musée es museo en francés. Museé, conjugación en pasado del verbo musear, ¿Musear? Sí, aunque la expresión no existe para la Real Academia Española, abarca una actividad muy común para quienes aman fisgonear los lugares que guardan las colecciones de objetos artísticos, científicos o de otro tipo. ¡Museé! con signo de exclamación, en imperativo, es mi invitación para visitar este blog donde usted conocerá noticias, columnas de opinión, crónicas y reportajes sobre museos famosos y otros no tan tradicionales, llamativos por la originalidad de los objetos que acuñan.
Este espacio permite al periodismo exhibir y explorar todo tipo de excentricidades o reseñas históricas. Museos registrados en la Cámara de Comercio o personales son bienvenidos. Luego de haber museado también se acepta todo tipo de comentario. Sólo espero provocar un verbo en mis lectores ¡Musearé!